Yo también estudié homeopatía

  Verán, cuando decides ser farmacéutico sabes que te embarcas en una carrera gratificante pero dura. Y hasta que no estás en ella, no sabes lo dura que es. Es una formación global en muchas ramas de ciencias. Tenemos asignaturas de química (muchas), de biología, de medicina y por supuesto, específicas de farmacia. Es cierto que tocas todos los palos. Sorprendentemente en mi facultad, en cuarto, existe una asignatura llamada “Medicamentos homeopáticos”. Sí señor, con un par. Les digo sorprendentemente porque me impactó encontrar una pseudoterapia dentro de un programa formativo donde nos basamos constantemente en evidencia científica. Así que pensé: bueno, para poder hablar de algo con criterio, debo conocerlo bien. Y allí que me planté a ver qué me contaban sobre la memoria del agua (por si lo podía aprovechar para análisis químico, pero no, eso era química de verdad).
  Nada más y nada menos que una de las profesoras que me estaban impartiendo “Tecnología Farmacéutica” estaba allí, delante de mí contándome que una “dosis infinitesimal de algo curaba los síntomas que lo provocaba”. No daba crédito. Valiente era la profe ¿eh? De eso no hay duda. Un cuatrimestre estudiando y “practicando” sobre homeopatía.
  Las prácticas eran interesantes, nos daban glóbulos y gránulos (bolitas más grandes o más pequeñas) de azúcar. Y hacíamos diluciones infinitesimales con disoluciones con colorante. Básicamente echábamos una gota de colorante en un gran vaso de agua, y de aquí cogíamos un poco y lo incorporábamos en otro gran vaso de agua y otra vez y otra vez… Cuando habíamos terminado las diluciones, echábamos ese líquido que por último habíamos obtenido sobre los gránulos y glóbulos. Lo removíamos bien para que se impregnaran con aquella sustancia que a mí me parecía agua (porque YA ERA AGUA). En principio se supone que lo haces con colorante para ver cómo se impregna el gránulo con el color. Pero oigan, si mi nota hubiera dependido de ver o no el color, habría sacado un cero como una catedral. Se lo prometo. Nada de nada. Combinaba estudiar técnicas de liofilización, de calcular si la dosis tenía que ser en bolo o en perfusión con echar agua sobre azúcar. Y poco agua, que si no se disolvían. Superé esta parte con éxito porque echar agua sobre azúcar en cuarto de carrera es más fácil de lo que pueden pensar.

  Les aconsejo que hagan prácticas de homeopatía en casa con sus hijos, es divertido y tienen todo lo necesario. Pueden convertir a sus hijos en homeópatas ¿mola o qué? Aquí quien no tiene homeopatía en casa, es porque no quiere, ya se lo digo yo.

La parte teórica me dio la clave. Ahí caí en la cuenta de lo que trataba todo esto. El homeópata trata a la persona de forma holística, no me negarán que ya la propia palabra suena a que esto va a ser la pera. Esto significa que se trata la enfermedad no sólo de su aspecto físico sino también con las emociones y la mente. Explicado así suena a que va estar justificado cada céntimo que le pague al homeópata, ¿verdad? “Hombre, es que me va a tratar de forma holística, nada más y nada menos.”

  Verán, cuando usted va a un médico de verdad, éste enfoca el diagnóstico (entre otras cosas) basándose en sus signos y síntomas. Un signo es que tiene fiebre alta y un síntoma es que usted dice que le duele la cabeza. ¡Voila! Entonces podríamos decir que los médicos en un hospital también tratan de forma, ejem, holística. Usted le cuenta que ha tenido mal día, que está agotado, que trabaja mucho (o poco) con toda esa información, con los signos y con los síntomas, el médico hará un diagnóstico profesional y le recomendará el tratamiento más apropiado para usted y sus circunstancias. Hasta aquí todo puede ser más o menos parecido con un homeópata. Eso sí, el médico de un hospital va a basar su tratamiento en productos que han demostrado una evidencia científica. Y sí, le va a dar el mismo que a otra persona, porque ya se han encargado otros de hacer suficientes estudios demostrando que, aunque usted haya tenido mal día y esté agotado, ese medicamento va a ser eficaz para su dolencia.

  Y esa es la única parte de la “holística” que permito. Porque oigan, la parte de tratar una dolencia con un medicamento dependiendo de si una persona es alta o baja, rubia o morena, responsable o irresponsable… no, por ahí no paso. Miren que he cursado asignaturas en la carrera y en ninguna de ellas me han enseñado a ponerle ojos a los medicamentos. Hablamos de sustancias químicas que provocan un efecto en la salud, no de “Hombres, mujeres y viceversa”. Le prometo que al medicamento que es realmente eficaz, le da igual que tenga los ojos azules o verdes. Estamos tratando aquí con productos que no han demostrado ninguna evidencia científica de su eficacia y de unas personas que le dicen que le va a tratar según su peso, altura, posición social o su poder adquisitivo (de este último le preguntarán poco, pero les interesará mucho).

¿Entonces por qué sigue acudiendo gente a estos centros donde tratan con azúcar y agua? ¿Y por qué un alto porcentaje son personas con alto nivel educativo?

  Primero porque hay una pequeña relación entre la mayor formación y el mayor poder adquisitivo. Quien no llega a fin de mes, no pierde tiempo ni dinero en que le cuenten que tiene que tomar un medicamento que cuesta bastante combinado con una consulta que cuesta más aún. Eso sí, parece incomprensible que alguien con alta formación caiga en el engaño de una pseudociencia tan evidente. Pues para mí la explicación está en los comentarios de arriba. El tratamiento personalizado. Reconózcanme que es bonito que nos traten como alguien único. Encima puede contar que ha pagado una pasta para que le vea un homeópata que dice que necesita un azúcar especial porque es usted alto y responsable (vamos, tan orgulloso).
  Si ha pagado una barbaridad, es porque tiene que ser bueno. Es duro decir lo contrario. Se imaginan diciendo “pues he comprado una tele que me ha costado 3000 euros y se ve igual”. Pues no, usted dice: (póngale sonido de emoción, tono alto) “pedazo de tele que me he comprado, menuda pasada, es increíble. Le veo los pelillos de la nariz a Cristiano Ronaldo”. Para que todos alucinemos y le tengamos envidia. (Aunque en realidad los pelillos de Cristiano nos dan igual y no cambia la percepción del partido).
  Otro motivo por el que podemos caer en estas redes es porque estamos hartos y desesperados, hay enfermedades realmente latosas, largas, incómodas. No implican un sufrimiento excesivo, pero tienen un complicado tratamiento. Y cuando ya recurrimos a la homeopatía, estamos hasta el moño de pasar por médicos y que nos digan que hay que esperar. Pero les cuento algo horrible, a veces sólo queda esperar, porque antes o después pasará. Si ese momento le coindice con haber tomado azúcar y habiéndole contado su historia y paseo por médicos al homeópata de turno, creerá que ha funcionado. Y NO, NO HA FUNCIONADO. Sólo se le ha hecho la espera más corta (y su cuenta del banco, también).

  El último motivo por el que podemos ir a un homeópata es porque de verdad crea en ello, le pase algo grave y acuda a esta falsa terapia. Supongo que nadie que se encuentre en este caso habrá aguantado tanto rato leyéndome. Pero si usted conoce a alguien así, por favor, intente disuadirle de esa idea. Este es el verdadero riesgo de la homeopatía. El agua con azúcar no hace mal salvo a los diabéticos, pero la falta de tratamiento eficaz en el momento apropiado puede hacer que una enfermedad seria se convierta en una muerte segura.

Gemma del Caño @farmagemma

6 comentarios en “Yo también estudié homeopatía”

  1. Muy buen artículo.

    Como comentas en el post, más o menos entiendo que una persona desesperada recurra a la homeopatía, pero que un médico o farmacéutico, con todo lo estudiado, sean capaces de recetar homeopatía, no lo entiendo. La única explicación que encuentro es el dinero.

    Por otro lado, siempre he tenido una duda con la homeopatía, a ver si os lo explicaron en la asignatura. Si la homeopatía se basa en la memoria del agua, ¿por qué lo venden en bolitas de azúcar, sin una gota de agua? ¿Cómo pasan la memoria del agua al azúcar?

  2. Jorge Hernán Botero

    Qué buena reseña, y proviene de alguien verdaderamente ilustrado en el tema . Felicitaciones! Aquí estaré esperando más de esa música en mis oídos 😄

  3. Queréis decir que todo el mundo que utiliza la homeopatía son necios, millonarios o desesperados y todos lo médicos que la prescriben unos aprovechados que se burlan de sus pacientes. Según mi experiencia personal hay muchos remedios que funcionan perfectamente y esto mismo sucede con infinidad de médicos. Recordad que la ignorancia es la madre del atrevimiento

    1. Marlowe Bilbao

      Suena a perogrullo: «la ignorancia es la madre del atrevimiento»

      Yo conozco gente que acude a visitar a la vírgen de Unbe a pedirle curaciones, a genta que acude a rodear una piedra para pedirle a San Antonio para pedirle novio-a, pero lo hacen sonriendo y no acusan a los demás de incrédulos.
      Los partidiarios de las pseudo-ciencias (la homeopatía es una farsa, como mucho te concedo efecto placebo, que dudo que conozcas) mirais al resto por encima del hombro, con supeioridad.
      Estas discusiones cansan, cada uno se deja engatusar como quiere, y se gasta su dinero en lo que prefiera. Amén.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.