Guía FarmaCiencia 2019

  La historia de la medicina le otorga a James Lind el privilegio de ser el primero en realizar un ensayo clínico allá por el año 1747 a bordo un barco de la Royal Navy. Hasta aquel momento para un marinero era más probable fallecer a causa del escorbuto que ahogado o en conflictos armados y, como es natural, proliferaron entonces toda suerte de remedios avalados por las autoridades médicas de la época: sangrías, agua de mar, vinagre, mercurio o ácido sulfúrico y clorhídrico entre otros. Estos bizarros remedios no sólo eran inútiles sino que en muchos casos acababan antes con la vida de los desdichados marineros. Gracias a un sencillo ensayo en el que Lind comparó la eficacia de los remedios más populares contra el escorbuto, pudo demostrar que sólo en zumo de cítricos era eficaz para prevenir y tratar la enfermedad. Esto que cambió la historia de la navegación para siempre. Sin embargo el uso de ensayos clínicos no se popularizó hasta muchos años después y la medicina siguió basándose en tradiciones y opiniones de ciertos médicos considerados como “eminencias”. Sirva como otro ejemplo ilustrativo el uso contínuo de las sangrías o flebotomías, usadas en medicina durante más de 2000 años (hasta bien entrado el S.XIX) y que se calcula que han sido responsables de millones de muertes. 

  Afortunadamente la medicina ha avanzado mucho desde el S XIX gracias al avance científico en otros campos y al mejorado diseño de los ensayos clínicos, con la inclusión de herramientas como el ensayo doble ciego, la aleatorización de pacientes o la estadística. Sin embargo la generalización del uso de ensayos clínicos ha sido lenta y gradual, de hecho  hasta la segunda mitad del siglo XX no era obligatorio demostrar empíricamente que los fármacos empleados eran a la vez eficaces y seguros. La tragedia ocurrida con el fármaco talidomida, fue el detonante para que las agencias reguladoras creasen normativas mucho más exigentes.

  Esta Guía, enfocada tanto para farmacéuticos como para otros profesionales sanitarios, tiene como objetivo ofrecer algo de luz, en base a los estudios publicados para intentar mejorar la farmacoterapia de los pacientes y reducir el riesgo de efectos secundarios innecesarios. Su pretensión es de servir de orientación en la indicación o prescripción de medicamentos destinados a tratar o aliviar patologías menores. Descubriremos a lo largo de ella que algunos de los medicamentos más empleados y que muchos consideran efectivos, no siempre cuentan con pruebas que respalden su uso, o incluso que según los ensayos clínicos no tienen mayor efectividad que el placebo. 

  Esta guía ha sido redactada por farmacéuticos pertenecientes a FarmaCiencia, asociación sin ánimo de lucro, revisando la bibliografía existente en cada uno de los 19 temas. No existe conflicto alguno de intereses ya que no se ha recibido aporte económico ni presiones de ningún tipo por parte de la industria farmacéutica.

 

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